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LA CIENCIA DE LA MEDITACIÓN
“La vida moderna, que avanza al ritmo del progreso tecnológico, ha traído consigo grandes promesas de un mundo mejor. Sin embargo, en muchos aspectos, ha hecho retroceder al hombre a estados de deterioro mental y físico. Enfermedades como la úlcera y la hipertensión pueden atribuirse a las incertidumbres y tensiones de nuestro entorno.

Debido a la imposibilidad de cambiar la situación externa, es indispensable volverse hacia el interior de uno mismo para encontrar otra forma de manejar las tensiones diarias. Hay muchas maneras de controlar tanto las reacciones físicas como las mentales y psicológicas, pero una de las más efectivas es la meditación.”
Patañjali definió la meditación como un fljo continuo y prolongado de pensamiento dirigido hacia un objeto determinado hasta su fusión con él. Este flujo de pensamiento puede concebirse con un movimiento rectilíneo que no se ve interceptado por ninguna otra línea o pensamiento que interrumpa su continuidad.

Según Tart (1969), la meditación es una profunda pasividad combinada con consciencia. Con pasividad se refiere a la total suspensión de cualquier pensamiento y acción, de manera que la atención se vuelve a las experiencias interiores espontáneas.

Para Wollfolk (1975), la meditación implica la focalización de estímulos indiferentes o asociados. Conforme a la información que tenga el meditador, la experiencia va acompañada de sensaciones de serenidad.

Goleman (1971) conceptualizó la meditación como una meta-terapia, es decir, un procedimiento que cumple los objetivos convencionales de toda terapia, pero que en su último estadio lleva al individuo a un nivel más profundo.

Para Swami Satyananda (1975), el objetivo de la meditación es explorar las diferentes regiones de la mente a fin de trascenderlas. Las distintas técnicas meditativas ayudan al individuo a purificar su mente y proporcionarle el descanso y la revitalización necesaria para su funcionamiento adecuado.

La teoría psicoanalítica afirma que, de una forma u otra, todas las experiencias pasadas determinan el comportamiento presente. Esta disciplina también sostiene que los sucesos emocionales y mentales corresponden a cambios psicológicos y, por tanto, el organismo se modela según los acontecimientos de la vida. Además, añade que todas las experiencias físicas y mentales se acumulan en el sistema nervioso.

En la misma línea de pensamiento, hay muchas escuelas de psicología que se valen de la musculatura como una extensión del sistema nervioso a fin de definir los acontecimientos que han configurado el comportamiento de un individuo, y liberarlo de las tendencias que le han dejado traumas profundos.

Según Goleman (1971), este proceso de liberación de tensiones del sistema nervioso puede conseguirse con la meditación, sin ningún esfuerzo o disposición específica.

Tart (1969), a través de sus propias observaciones y la literatura médica existente, afirmó que la meditación proporcionaba los siguientes beneficios: mayor habilidad para hacer frente a las tensiones de la vida cotidiana y, por lo tanto, mayor serenidad; mayor sensación de unidad entre el cuerpo y la mente; mayor consciencia de las experiencias cotidianas; mejora de las funciones corporales y del sueño; y, por último, mayor capacidad para definir cuándo se está relajado y cuándo no. El autor afirma que la meditación tiene también innegables efectos positivos sobre la salud mental, pero que no se dispone de suficientes investigaciones en este campo.

De hecho, las investigaciones se han centrado principalmente en la fisiología de la meditación, y se ha obtenido una amplia variedad de resultados. Esto puede explicarse por el amplio abanico de técnicas y experiencias de los sujetos estudiados. Pero a pesar de esta diversidad de resultados, los análisis fisiológicos de la meditación apuntan a una disminución del consumo de oxígeno, así como a la eliminación del anhídrido carbónico (Anand y Col., 1961).

En cuanto a la resistencia eléctrica de la piel, en la que los niveles bajos se asocian con la ansiedad y los altos con la relajación, se ha descubierto que durante la meditación, estos niveles aumentan rápidamente, llegando incluso a superar los producidos durante el sueño (Bagchi y Wenger, 1957; Wallace y Benson, 1972).

Como parte de un estudio sobre los efectos fisiológicos de la Meditación Trascendental, Wallace (1970) realizó análisis de sangre antes, durante y después de la meditación. El resultado reveló que los niveles de lactato en sangre disminuían considerablemente al principio de la meditación, continuaban disminuyendo durante la práctica, y después permanecían a una baja concentración. Se ha descubierto que los pacientes con ansiedad o neurosis sometidos a mucha tensión tienen altos niveles de lactato.

Del mismo modo, y comparados con individuos sanos, los pacientes con hipertensión muestran niveles más altos de lactato en sangre aun estando en reposo. Pitts (1969) llevó a cabo un estudio sobre bioquímica de la ansiedad, y descubrió que se pueden inducir síntomas ansiosos con inyecciones de lactato. Por lo que se refiere al patrón de las ondas cerebrales durante la meditación, Anand, Ghina y Singh (1961) descubrieron que, durante el descanso normal, los individuos mostraban una actividad alfa considerable, y que durante la meditación aumentaba la duración y la amplitud de estas ondas.

A diferencia de otros tipos de meditación, como el Zen, en la meditación yóguica la actividad cerebral no se podía interrumpir o bloquear. Wallace y Benson (1972) también descubrieron que las ondas alfa se intensificaban durante la meditación y que, en algunas ocasiones, aparecían ondas theta. Todavía hay muchas áreas en las que no se han estudiado los efectos de la meditación. De hecho, en la terapia psicológica se ha investigado muy poco, aunque es posible que la meditación resulte un muy buen complemento, pues la ansiedad es uno de los componentes determinantes de los desórdenes mentales.

” La meditación es una disciplina muy antigua, que resulta de gran ayuda a todo el que la practica. Por eso, sería aconsejable estudiar todos sus efectos, y utilizarla científicamente en áreas como la medicina, la psicología preventiva y curativa, así como en las relaciones humanas. Mientras se profundiza en este estudio, nosotros mismos podemos empezar a hacer algo por nuestra salud física y mental: la meditación nos ofrece una nueva vida.”
Artículo publicado en Yogaworld

 

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